sábado, 12 de septiembre de 2009

Al trote

Como ya os expliqué, no soy mucho de caminar, pero en mi niñez me gustaba correr. Unas veces por puro placer con mis amigos cuando hacíamos carreras y otras por puro sentido de supervivencia para escapar de algunos mayores que con razón iban tras nosotros después de haber sufrido las consecuencias de algunas chiquilladas por nuestra parte. Ahora después de tantos años y vistas con perspectiva aunque no eran graves, en alguna ocasión salíamos con la lección bien aprendida.

Recuerdo que antes de la guerra, tendría yo unos diez años , mis amigos y yo solíamos ir a bañarnos a una especie de acequia que había entre Sant Feliu y Sant Joan Despí que alimentaba una fábrica de cartón situada en una zona en medio de huertos y de árboles frutales. Íbamos tranquilamente a refrescarnos de los calores estivales y de regreso a casa pasábamos por caminos que los rodeaban y que nos proporcionaban la sombra que buscábamos.

En una ocasión, en uno de esos huertos vimos unos racimos de uva que se nos antojaron la mar de apetitosos y que iban a ser una improvisada y sabrosa merienda. Total, por unos pocos – pensamos-, nadie lo iba a notar. Así que ni cortos ni perezosos entramos en el huerto. Habíamos cogido ya para los tres que íbamos, y nos dispusimos a salir, tranquilamente, ya que parecía que allí no había nadie se ocupara del lugar. Pero ya casi a la salida nos percatamos de que alguien sí se había dado cuenta de nuestras acciones. Ni más ni menos que un perrazo que se dirigía a toda velocidad hacia nosotros ladrando como un descosido.

El perro nos persiguió un buen trecho después de haber salido ya del huerto, y aunque corríamos con todas nuestras ganas, parecía que se nos iba a echar encima de un momento a otro. Nunca hasta entonces había corrido tanto. El corazón me iba a mil por hora y como alguien dijo, no me sentía las piernas ...

Por suerte, el perro tenía más conocimiento que nosotros y en un momento dado dio por finalizada la persecución. Luego, supongo que se volvió a su casa, aunque no me paré a comprobarlo.

Y nosotros de camino a la nuestra, eso sí, al trote, o mejor dicho, al galope …

Trotando ...