miércoles, 12 de agosto de 2009

Cuando el día se acaba

Es verano y el día se alarga. Por eso cuando le llega la hora al sol de despedirse hasta el día siguiente es más tarde y en esta época del año podemos apreciar con más calma la belleza del atardecer, en especial si estamos pasando unos días en un lugar de montaña o playa.

Estos días, como ya sabéis, estoy con mi familia en Villarluengo . El pueblecito está colgado en lo alto de un peñón desde el cual se aprecia una maravillosa vista de un cañón, desde luego no tan grande como el del Colorado, pero que también impresiona lo suyo. Por si fuera poco detrás del pueblo hay una montaña de unos 200 metros que lo “respalda”. Alguien diría pues que si no fuera por las dimensiones, Villarluengo parecería un nido de águilas que tanto pueblan por estos parajes.

Sea como fuera, aquí cuando en un día claro y despejado el sol se pone, los últimos rayos de luz van recorriendo las crestas montañosas de forma suave, y parece como si el sol se resistiera a desaparecer del todo, ya que cuando el pueblo empieza a ser inundado por las primeras sombras de la noche, aún se pueden ver los reflejos del sol en las cumbres más lejanas.

Y cuando el día se acaba, suavemente empieza la noche y con ella se abre otro mundo de sensaciones que ya os iré explicando. Por lo pronto cada noche trae la promesa de un nuevo amanecer, que no es poco. No hay que ponerse nostálgicos.

¿Qué sería de nosotros si el día no se acabara y la noche no existiera? ¿O si viviéramos sin sol y en la más completa oscuridad? Yo pienso que no podríamos vivir ya que somos seres de contrastes y nos gustan los cambios. ¿No es así?

De momento y sin tener que pensar mucho, preferiría que ahora escuchárais esta melodía inspirada en la imagen de un bello atardecer.

Espero que os guste.

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