jueves, 28 de mayo de 2009

Pinceladas

En una casa de pueblo siempre hay algo que arreglar o renovar. Cuando nos vamos de vacaciones a Villarluengo, donde mi mujer tiene la casita de sus padres, esto es algo que tenemos siempre presente. Descansamos, huímos del mundanal ruido, pero también toca hacer algo constructivo, o más bien reconstructivo, en los ratos libres que son todos.

Hace ya algunos años, cuando yo me dedicaba a una de estas tareas, la de retocar la pintura de las paredes de la entrada, se me iba ocurriendo una melodía mientras daba brochazo aquí, brochazo allá. Me imaginaba pintando un cuadro de uno de los muchos pintorescos paisajes que rodean al pueblo y ya que esa mañana me iba a quedar sin paseo, al menos lo recreaba mental y musicalmente. Sin darme cuenta empecé a tararearla, y algunos de los vecinos que pasaban por la calle, se asomaban a la puerta de casa, a ver quien estaba dando aquel recital que supongo que ya empezaba a ser un poco cargante. Me saludaban y por un momento me distraían de la pintura y del cante, con lo que al marcharse, volvía a reanudar el ensayo, porque quería retener la música que se me estaba ocurriendo.

El caso es que una de las vecinas, Conchita (la maestra) que nos dejó en esta primavera, se quedó allí un poco más que los demás sin interrumpirme. Yo ni me había dado cuenta que estaba allí, y continuaba canturreando mi composición improvisada.

En un momento en que me detuve aprovechó y me saludó. Me dijo que le gustaba mucho lo que estaba escuchando. Le expliqué que era una improvisación y que intentaría escribirla cuando terminara de pintar en una partitura. También me dijo que le gustaría mucho tenerla así que le dije que se la dedicaría y así lo hice. Cuando nos vimos al año siguiente me dijo que la conservaba como oro en paño y que para ella era un recuerdo de una música inédita nacida en Villarluengo y que le recordaría siempre al pueblo cuando no estuviera allí. Descanse en paz.

También se la dedico a Adelaida, otra vecina de Valencia a quien también le di la partitura para tocarla en su piano y que según me dijo la tiene enmarcada y todo.

Pensé primero en titularla “Brochazos”, pero mis hijos me dijeron que no era muy poético, así que el título final fue “Pinceladas” que suena mejor.

martes, 26 de mayo de 2009

Amistad

Algunas veces hemos hablado con mis hijos en familia sobre si existe la amistad y si es que existe a quienes podemos considerar amigos. Para mí, ellos que son mi vida, son y serán siempre mis mejores amigos. No tengo duda.

Cuando era un crío, tenía amigos, los propios de la niñez con los que compartía juegos y alegrías también propias de una edad en la que todo se ve de color de rosa. Más tarde, de joven también surgieron amigos para lo mismo, divertirse, evadirse, compartir secretos que no compartes con la familia, desahogarse, etc. Más tarde cuando me casé, los amigos fueron disminuyendo hasta diluirse finalmente en el ancho mundo.

No puedo decir que perdí esos amigos, simplemente están por ahí. Mi mujer era mi mejor amiga y mis hijos a pesar de la diferencia generacional han mantenido y mantienen con nosotros un buen diálogo desde siempre. Hoy a mis 85 años hago amigos siempre que puedo, con el mismo ánimo que cuando era un crío, compartir momentos agradables, una charla, una batallita de nuestros tiempos con gente de mi edad cuando salgo a pasear a la rambleta. Incluso parece que les caigo bien a los niños pequeñitos, supongo que por mi aspecto venerable, no sé.

Yo creo que todos podemos ser amigos aunque nos conozcamos poco. A veces quien menos piensas te demuestra que podría ser un amigo. Hace unos meses me caí por las escaleras de mi casa sin que nadie se diera cuenta, excepto un vecino que apenas conocía y que me socorrió en el acto. Es un joven marroquí que apenas conoce el idioma pero no hizo falta hablar mucho ya que él supo actuar tal como su buen corazón le dictaba. Le tenemos en mucha estima desde entonces. Hacer amigos simplemente es una cuestión de humanidad.

Mis hijos me dicen que hoy en día hacer amigos no es muy fácil. Puede que tengan razón porque ellos tienen los suyos pero a veces sufren algunas decepciones que les hacen sufrir. Yo siempre les digo que no se lo tomen mucho en serio ya que no hay que buscar la perfección en esto. Los amigos para serlo han de sentirse libres para seguir su propio camino, y sentir el placer del reencuentro cuando es posible. La vida en sí nos marca el camino y por duro que parezca a veces hemos de afrontar momentos de soledad o desesperación sin tener a nadie cerca que nos pueda echar una mano. Sea como sea hay que salir a “tomar el aire” aunque sea con nuestra imaginación y ver quién hay por ahí. Es cuestión de paciencia.

Esta melodía la llamé así..... Amistad

lunes, 11 de mayo de 2009

Villarluengo

Así se llama el pueblecito del que he hablado un poco en un anterior post. Tiene un nombre curioso y compuesto: “Villar” de villa o pueblo grande y “luengo”, de largo.
Además contiene las cinco vocales, que no sé si esto significa algo o no, pero puestos a imaginar podríamos pensar que “no le falta de nada”.

En tiempos pasados sí que al parecer, pocas cosas le faltaban. Era el pueblo que tenía el término municipal mas extenso de la zona en pleno maestrazgo turolense debido a sus muchas masadas (o masías) pobladas de gente trabajadora y con iniciativa que aprovechaban recursos naturales muchas veces de difícil acceso por lo escarpado del terreno y cuidaban y mimaban los campos y los huertos que se asoman al río. En Villarluengo se construyó en el siglo XVIII la primera fábrica de papel continuo del territorio español y también una importante imprenta que abastecía a un amplio mercado editorial. En su término también dicen que hubo una especie de balneario mucho antes de la guerra y aunque costaba mucho trabajo ir, por las dificultades del terreno, tenía clientes que iban a tomar las aguas curativas y termales y que no les importaba el esfuerzo. El pueblo estaba lleno de gente y había servicios para todos, puesto que sus habitantes tenían muchos oficios. Hasta había una chocolatería que era famosa en los pueblos de alrededor.

Todo aquello ya no existe y hoy en día sus habitantes viven de la hostelería y las industria agropecuaria. Aún así, es un placer visitar el pueblo que es muy bello y pasar las vacaciones en él y más en las fiestas de Agosto, aunque a veces produce una cierta tristeza el pensar en toda aquella prosperidad de otros tiempos en los había mucha más gente y podían ganarse la vida para ellos y para sus generaciones. Los tiempos cambian para todos y hay que adaptarse aunque sean tiempos difíciles. En ello están.

Para nuestros vecinos y amigos de Villarluengo y a todos vosotros, os dedico esta melodía que me encargó el mosén Miguel una vez que escuchaba mis músicas desde su ventana que da enfrente de nuestro balcón.

Montañas suizas

Nunca he estado en Suiza, aunque me hubiera gustado. Mi mujer y yo no hemos viajado apenas a otros países después de jubilarnos, tan sólo a Roma y de eso hace unos pocos años y a través de un viaje promocional acompañados de un matrimonio amigo.

En los primeros años de la jubilación aún había responsabilidades familiares que atender y poco tiempo y dinero para plantearnos ni siquiera hacer cortos viajes y menos al extranjero. Pero unos cuantos años después sí que viajamos a algunos puntos de la península a través del IMSERSO y aún llegamos a tiempo de disfrutar como turistas. Hoy en día dados nuestros achaques ya ni lo pensamos.

Los paisajes montañosos siempre nos han llamado la atención, ya sea porque mi mujer nació en un pueblecito escarpado y rodeado de montañas, ya sea porque yo descubrí ese bello pueblecito en nuestras vacaciones estivales. Sus montañas siempre me han hecho imaginar la sensación de estar en otro país por su altitud (1600 metros o más en sus cumbres) y por el frío que hace en invierno. Montañas alineadas como si fuera una pequeña cordillera que parecen danzar a veces en círculos y que muy a menudo forman cañones por los que discurren ríos de agua helada y cristalina, cargados de truchas y salmones. La nieve y el hielo las cubren en invierno por lo que para nosotros Villarluengo, que así se llama el pueblo es nuestra pequeña Suiza.

Inspirándome en cantos tiroleses que escuché por televisión, compuse esta pequeña melodía que pienso que no desmerecerá a estas sensaciones que revivimos cada año todos los veranos.

domingo, 3 de mayo de 2009

Un día de Primavera

Es solamente una sensación, pero es bien cierto que cuando llega la primavera y amanece un día soleado y cálido a todos se nos alegra un poco la vida. Por un instante, aunque sea corto ese instante, evadimos nuestro ánimo dejando a un lado todos nuestros problemas y preocupaciones y nos percatamos de lo bonita que es la vida y el cambio que se produce una vez más, tras un oscuro y frío invierno.

Buen momento para inspirarse, días más largos y luminosos, lluvias refrescantes y vivificadoras que hacen brotar flores multicolores, expectativas para vivir el verano que viene después, para salir a tomar el sol y respirar nuevos aires, y en definitiva para observar y vivir otro renacimiento de la naturaleza. Es, según dicen, la estación para el amor y desde luego pienso que no andan muy desencaminados.

Sin ánimo de parecer demasiado cursi, os contaré que hace ya bastante tiempo, un día, cuando mi hijo Salvador todavía era un niño e iba a la escuela, esperándolo a la salida del colegio empecé a componer una melodía inspirada en los árboles que estaba contemplando mientras estaba allá. No sabría decir qué clase de árboles eran pero lo que me llamaba la atención es que estaban floridos y con la luz de la tarde que se filtraba entre las hojas ofrecían un espectáculo relajante y vivo al mismo tiempo que invitaban al ensimismamiento a quien conseguía evadirse por un instante, ese de que os hablaba. Así que aprovechando que llevaba lápiz y papel se me ocurrieron las primeras notas de esta melodía que ahora os presento.

Es mi pequeño homenaje a esta bella estación. Espero que os guste.

Pajarillos

Hoy día 3 de Mayo es el cumpleaños de nuestro jilguerillo. Tal día como hoy hace un año se coló entre los tiestos de flores que mi mujer había arreglado para celebrar la primavera. En nuestra casa tenemos ventanas, no balcón y las macetas quedan alineadas dejando poco espacio entre ellas. El pajarito se adentró en este pequeño laberinto floreado y de repente se vio perdido y asustado empezando a aletear con fuerza tras haberse enredado una de sus alitas con una hebra fina de una de las plantas. Mi hija Laura se dio cuenta de que algo pasaba y tras la sorpresa consiguió desenredarlo y cogerlo con mucho cuidado sintiendo el corazón del animalillo a mil por hora. Pobrecito ¡!!.

Por suerte, en casa todavía conservábamos una pequeña jaula de otro pajarito que habíamos tenido hace algunos años y esa fue su morada durante un tiempo hasta que le compramos su actual palacete.

Desde el primer momento no se hizo extraño con nosotros, lo que nos hace suponer que o bien se escapó de otra jaula o bien lo dejaron escapar. Desde que lo tenemos siempre se ha resentido de una de sus patitas y pensamos que si no lo hubiéramos recogido, probablemente no hubiera sobrevivido.

Así que en esta primavera, después de un año en pleno mes de Mayo, mes de las flores , nuestra cadernera es hoy bastante feliz y se siente querida y protegida por nosotros y desde luego supermimada. Nos conoce a todos, a quien lo cuida y le da los buenos días por la mañana, al que lo mima, al que lo provoca. Es la alegría de mi mujer y mía con sus trinos y cantos y la de nuestros hijos que cuando nos visitan reciben de ella una gran dosis anti-stress que tanta falta hace en nuestros días. Se ha habituado a nuestra compañía y cuando no nos ve empieza a llamarnos con un grito que ya nos es familiar y que denota lo mucho que nos echa en falta.

Se llama “PIKI” y es uno más de la familia. Por eso le dedico esta canción, aunque sé que nunca podrá superar la belleza de su canto.

Muchas felicidades pequeña PIKI!!!