domingo, 26 de octubre de 2008

Para mi hermano Juan

Era mi hermano mayor, el segundo de mis hermanos. Nos llevábamos 14 años y si mi hermano Pedro era mi protector, mi hermano Juan nunca permitió que yo siendo niño tuviera que ponerme a trabajar por más necesidad que tuviera la familia. Para eso ya estaba él, nos decía. Era muy guapo y siempre había sido mi ídolo.

Parece que el gen musical de la familia se expresó primero en él, pues era muy aficionado a cantar. Su especialidad eran las zarzuelas y con su grupo de amigos organizaban siempre unas sesiones de canto que dejaban encantados a quienes les escuchaban. Una vez casado, venían a la casa familiar en días de fiesta y acabábamos todos cantando. Entonces no había tele y aunque teníamos radio, preferíamos la música en vivo.

Otra cosa que me fascinaba de él era su habilidad para fabricar cometas. Con escasos materiales, caña americana, de los cañaverales de los huertos de Sant Feliu, y papel de seda de muchos colores, montaba cometas tan grandes como yo y nos llevaba a mí y a mis hermanos a disfrutar con el espectáculo de verlas volar.

Fue soldado en la guerra y sobrevivió a ella. Su vida fue relativamente tranquila en general. Se casó con Eulalia y tuvo dos hijos, Juan y Pedro. Todos ellos viven. Él no. Murió con 61 años por enfermedad incurable que aunque tratada, nada se pudo hacer.

Su mujer es pintora y es mayor que yo. Pasa de los noventa y aún sigue pintando. Mis sobrinos han heredado la vocación musical de su padre y también como yo aprovechan las oportunidades que les surgen para dar a conocer sus creaciones. Mi hermano, que en gloria esté, estará seguramente muy orgulloso de ellos. Y yo de mi hermano.



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sábado, 25 de octubre de 2008

En bicicleta

La primera vez que me subí a una bicicleta fue más o menos a los 10 años de edad.
En Sant Feliu, existía y aún todavía existe la barriada de los pisos del “Bertrand”. Esos pisos, muy modernos por aquel entonces, tenían un gran patio interior compartido por todos quienes vivían en ellos, y hasta tenían una zona reservada donde se tendía la ropa. Para mí y mis amigos era nuestra zona de juegos y aún recuerdo que en uno de los postes de los tendederos acostumbraba a aparcar su bicicleta el señor que venía a cobrar la “Mutua de Enfermedad”. Nosotros siempre nos ofrecíamos, de manera interesada, a guardársela para que nadie se la robara. Él no se fiaba mucho de nosotros, pero la bicicleta no la podía llevar consigo cuando subía a los pisos y al final, a regañadientes, siempre acababa aceptando (no le quedaba otra). En esos cortos instantes mis amigos y yo la cogíamos y dábamos vueltas por el patio, vigilantes siempre de que no nos pillara a su regreso. El problema era que era una bicicleta de adulto y nosotros que éramos crios de 10 años, también aprendimos además lo que era tener dolor en la entrepierna.

Más tarde pusieron en el pueblo un taller de bicicletas que las reparaban y alquilaban (esta vez de todos los tamaños). Por un cuarto de hora pagábamos 5 ó 10 céntimos de antes de la guerra. Los frenos estaban tan gastados que era como si no existieran. Así que no ganábamos para cambiar las suelas de nuestros zapatos. Recuerdo que ese cuarto de hora lo aprovechaba tanto que a mí me parecía media hora.

Años después mi sobrino Erasmo se compró una bicicleta bastante buena y me la prestaba para ir de Sant Feliu a Molins de Rei a visitar a mi hermano Juan y a su familia recien casados por aquel entonces. Cuando circulaba tranquilamente hacia Molins me venían a la cabeza músicas como ésta.



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sábado, 18 de octubre de 2008

Nunca es tarde

Mis hijos me han vuelto a sorprender. Primero fue cuando me propusieron la creación de este blog que tanta ilusión me hace y esta semana me han dicho que me han inscrito como aspirante al premio al mejor blog de música del diario “20 minutos”. La verdad estoy bastante asombrado y desde luego agradecido con ellos, no porque piense que voy a ser famoso sino porque creo que estar ahí puede suponer que mis músicas sean difundidas, si es que llegan a gustar.

Durante toda mi vida he ido creando y perfeccionando cada una de las 120 pequeñas composiciones que irán apareciendo en el blog y lo seguiré haciendo mientras viva. Lo he hecho siempre por puro disfrute creativo y personal, pero también con ganas de hacer disfrutar a otros. Esa es mi única intención.

Lo han inscrito en la categoría de música, según me han dicho, porque quieren respetar la filosofía original del blog que no es otra que promocionar más la música que la letra. Los retazos de mi vida personal, que presentan a las músicas, pueden interesar o no ya que son eso, personales y creo que comunes o similares a muchas personas de mi generación. En la blogosfera hay muchos blogs de este tipo, pero con una música que sea de creación propia, no tantos.

Bueno, por esta vez “me apunto” al carro de la fama y para ilustrar un poco todo esto os presento la música que lleva por título: Nunca es tarde.



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sábado, 4 de octubre de 2008

Para mi sobrino Erasmo

Mi sobrino y yo nos llevamos cuatro años. Él es el joven, aunque también pasa de los ochenta. Siempre ha sido mi hermano pequeño, el que nunca tuve. Si mi hermano Pedro me protegía a mí, yo protegía a mi sobrino Erasmito.

Recuerdo que siempre ha sido un chico listo y aún lo sigue siendo. Era muy bueno en los estudios. Tuvo oportunidad de demostrarlo en su más tierna infancia cuando debía tener unos 11 ó 12 años si no calculo mal.

Por aquel entonces, sobre el año 1939 mi familia (mi madre y mi hermana Águeda), mis sobrinos (Erasmito y Aguedita) y yo estábamos refugiados en el campo de concentración de Ceiles et Roqueredonde en el sur de Francia en el Languedoc. El resto de la familia (mi padre y mi cuñado) estaban en otros campos de concentración, mientras que mi hermano Juan se había quedado en España ya que estaba en la guerra como soldado.

Entonces supimos que mi padre había conseguido volver a España, (la guerra había acabado) y decidimos volver nosotros también. Al mismo tiempo, recibimos una carta de mi cuñado, el marido de mi hermana Águeda y padre de mis sobrinos que les reclamaba para reunirse con él en Burdeos.

Así pues, teníamos que separarnos y seguir cada uno su camino. Mi hermana y sus hijos debían dirigirse hacia Burdeos siguiendo las indicaciones de su marido. Mi sobrino Erasmo, actuó pese a su corta edad como si fuera el hombre de la casa, ya que gracias a su inteligencia y a lo que había aprendido en el escuela tanto en España como en Francia, fue de una gran ayuda para su madre ya que supo hacerse entender con todo aquel con el que se encontraba y consiguió que todos ellos llegaran a su destino.

Hoy en día sigue en activo y se dedica a escribir sus memorias. Dado que tiene mucho que contar, esperemos que algún día las publique y si no es así, que queden como testimonio de una vida y de una época que nos tocó vivir a todos.



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Caramelles (dedicada a Sant Feliu de Llobregat)

Entre el último día de Semana Santa y los dos primeros de Pascua muchos pueblos de Cataluña, entre ellos Sant Feliu de Llobregat se llenan de grupos de cantaires que recorren las calles cantando las tradicionales Caramelles. Estos populares cantos corales que se remontan a los siglos XVI y XVII, tocan temas tan diversos como las fiestas relacionadas con la Pascua, el festejo, la sátira o la vida social. El grupo de cantaires se planta al pie de los balcones de amigos y demás gente del pueblo. Llevan una cesta atada a lo alto de una larga vara adornada de cintas que llega hasta el balcón del homenajeado, el cual en correspondencia deja su donativo. En su origen los caramellaires recorrían las diversas masías anunciando la Resurrección de Cristo. A cambio de la noticia se les obsequiaba con huevos, butifarras y comidas grasosas, lo que indicaba que la Cuaresma había finalizado. Por eso se dice que el huevo de las “monas” de Pascua simboliza el principio de la vida.

En mi juventud mi sobrino Erasmo y yo cantábamos en la Unió Coral de Sant Feliu y participábamos en las Caramelles.

Dedico esta música a Sant Feliu, mi pueblo, por haber sabido conservar y mantener esta tradición hasta nuestros días y que se puede disfrutar aún cada Semana Santa.



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