sábado, 27 de septiembre de 2008

Para mi hermana Antonia

Tendría yo unos 12 años cuando mi hermana falleció. Era una chica alegre, jovial , muy agradable y simpática, todos los adjetivos buenos le iban bien. Todos los que la conocían la querían y apreciaban y en el pueblo tenía muchos pretendientes. Pero no pudo vivir lo que debía ya que una mala enfermedad se la llevó en el año 1935 a la edad de 23 años. Nuestra vida no volvió a ser nunca más como antes ya que la tristeza se asentó en mi familia desde entonces. La foto que he escogido muestra a mi hermana en todo su esplendor con la sonrisa que la caracterizaba y como hemos querido siempre recordarla en nuestros corazones. Ojalá siga sonriendo esté donde esté.



036__Para_mi_hermana_Antonia

Merienda en el campo

Antes de la guerra, yo tendría unos 8 años, recuerdo que los jóvenes y no tan jóvenes de la época acostumbraban a salir en grupo por los alrededores de Sant Feliu a merendar y a divertirse con actividades tales como bailar sardanas, y otros juegos propios de la juventud. Uno de los lugares típicos era la ermita de la Salut y su bosque de pinos que permitían respirar buenos aires en un entorno lleno de tranquilidad. Otro de los lugares era detrás de la Pedrera del pueblo, donde existía una explanada en medio del bosque que propiciaba aquel ambiente lúdico. En estos lugares se reunían grupos de los pueblos de alrededor y había bastante vida social. En la foto familiar aparecen mis hermanas Águeda y Antonia, mi cuñado Wisliano, y mi sobrino Erasmo entre conocidos de aquel tiempo.




018__merienda_en_el_campo

El piano de madera

Cuando terminaba mi jornada laboral , tendría yo unos 20 años, dedicaba mi tiempo libre a aprender lecciones de piano. En casa no había ningún piano ni nada que se le pareciera para poder practicar y se me hacía difícil ejercitar los dedos con las escalas y arpegios que tenía que aprender. Entonces se me ocurrió pedirle a un amigo mío que trabajaba para un carpintero que me fabricara un teclado de madera con las mismas octavas de un piano normal. El teclado era muy simple, una tabla con las teclas dibujadas y remarcadas. Era tan ligero (pesaría unos dos kilos como máximo) que me permitía llevarlo a todas las habitaciones de mi casa. Era mi piano portátil. Y así fue como gracias a este invento podía compaginar las prácticas en casa con las que me dejaban hacer en el piano del café de la Unió Coral de Sant Feliu, allí con algo de lo que mi piano de madera carecía: sonido.



092__El_piano_de_madera

viernes, 19 de septiembre de 2008

Para mi hermano Pedro

Nos llevábamos cinco años. Él era mayor que yo y siempre me protegía (yo era el pequeñín de la familia). Congeniábamos en todo y nos queríamos mucho. Siempre me llevaba con él a todas partes, sobre todo cuando iba a jugar a fútbol. Jugaba con los infantiles en el pueblo y todos decían que era una joven promesa y que un día llegaría a ser una figura. Pero, el destino quiso que esto no sucediera ya que a la temprana edad de 17 años, él y otros amigos de su edad, cargados del idealismo propio de la juventud comprometida y con valores, ingresaron como voluntarios para luchar en defensa de la República Española en la guerra del 36. Vino un par de veces de permiso. La primera por haber sido herido. La segunda vez se le notaba desanimado por todo lo que había vivido y lo que había visto en la guerra. Un año más tarde cayó en el frente de Gandesa (Tarragona), según nos dijeron a la familia por haber sido destinado a una posición a la que otro soldado no se había atrevido a ir.

Como homenaje a nuestro amor por él y por el vacío que desde entonces dejó en nuestras vidas le he dedicado esta música. Siempre le recordaré.




016__LacrimosaPara_mi_hermano_Pedro

El baile de las estrellas

Una tarde del verano del 33 fuimos al cine mi hermano Pedro y yo. No recuerdo la película, pero lo que sí me acordaré toda la vida es lo que vimos a la salida del cine. El cielo entero estaba cubierto de estrellas moviéndose en todas las direcciones de tal manera que asustadísimos creíamos que el fin del mundo se estaba produciendo. La gente en la calle no dejaba de mirar al cielo y exclamarse de lo que estaba pasando. Cuando llegamos a casa sobresaltados y temerosos, nuestros padres nos tranquilizaron puesto que ellos ya lo habían visto en otra ocasión, pero en aquella ocasión fue tan espectacular que seguramente si se produjera hoy tal como sucedió entonces, saldría en todas los telediarios.

Esta música me recuerda un poco, visto desde una perspectiva más tranquila, aquel episodio.



005__El_baile_de_las_estrellas

sábado, 13 de septiembre de 2008

Un alto en el camino

Han sido sólo unos pocos días, aunque este verano ya había tenido avisos. Mi corazón necesitaba una puesta a punto y ha sido a la vuelta de la estancia veraniega que como cada año pasamos en familia en un pueblecito de Teruel cuando el aviso se ha convertido en alarma. Gracias a mi querida familia y al factor suerte, el angor ha sido tratado a tiempo por los médicos y enfermeras del equipo de cardiología del hospital de Sant Pau, que han sido unos auténticos ángeles y como resultado mis arterias coronarias han quedado desatascadas. Quisiera agradecer a todos, familia, amigos, conocidos y desconocidos vuestro apoyo recibido tanto en este blog como en el de mi hijo, como por otros medios, e invitaros a que sigáis visitándolo ya que ahora vuelvo a estar en activo y pienso aprovecharme. Saludos, de corazón, a todos.

Y ahora, os invito al baile…



087__Invitacin_al_baile